Error sostenido con pertinencia

Las discusiones, se tratan de intercambios de opiniones, que deberían llevar a conclusiones por las cuales, todos los implicados, salgan favorecidos.
En nosotros no existe una verdad universal, sino que, en el universo existen verdades infinitas. Al intercambiar opiniones con otros, nos enriquecemos, y podemos llegar a comprender todo lo que se le escapa a nuestra experiencia finita. Al mismo tiempo, de manera natural, iluminamos con nuestra sabiduría adquirida a los demás.
Está es la situación ideal, pero las más de las veces, las discusiones entre las personas se tornan violentas, y a todos les cuesta comprender que la opinión de los demás es valiosa y enriquecedora, y que la propia opinión sino resulta admirable, como uno celosamente la guarda en algún rincón de su alma, es justamente lo más esperable, ya que son creencias y puntos de vista personales. La realidad es diferente según el camino recorrido de la persona que la interpreta.
En estos casos es cuando aparecen los mentirosos inintencionados.
Al contar una anécdota en voz alta frente a un grupo de personas, y que estás demuestren la incongruencia de la misma, el relator tiende, concientemente, a sumar relatos inexistentes, a la historia original, para sumarle potencia y que se vuelva imposible de invalidar.
Como dice Feijóo sobre los españoles que defendían la existencia de los duendes, antes de la Ilustracion: “Que el mismo que con buena fe refirió al principio que le había inquietado el duende, porque así lo había creído, ya empieza a defender su error con mala fe por no retractarse y por no sujetarse a la nota de poco reflexivo o de muy pusilánime; y para este efecto va añadiendo al suceso circunstancias fingidas, que acrediten que no pudo ser otro que el duende quien ocasionó aquel ruido.”
Aprisionados por los contra-argumentos de los demás, que nos hacen ser concientes del error de nuestro relato que venimos defendiendo a muerte, las discusiones nos convierten en mentirosos, si nos dejamos dominar por los sentimientos de competitividad latentes. En esos momentos, la pasión que nos genero el calor de la discusión, nos hace capaces de cualquier cosa por defender nuestro punto de vista. Se citan autores ilustrados, que en realidad son solo personajes interpretados por Brad Pitt en alguna película, se afirman situaciones que en otras discusiones se trataron de demostrar como mentiras, y se niegan verdades que no se dudan sean tales, se hostiga con miradas amenazadoras a los presentes más allegados a que defiendan nuestra posición, etc.…
Como sigue diciendo Feijóo: “Tanto puede, aun en hombres nada inclinados a mentir , la vergüenza de confesar su error, cuando el desengaño les viene por mano ajena en la lid de la disputa, creyendo que es lo mismo entonces darse por desengañados que declarase vencidos.(…) Pero ¿qué hay de extrañar? A veces no son más que hombres los señores, ni más que mujeres las señoras.”


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